La conversación es la superficie más usada de la plataforma y la que más se subestima. No es un chat con un modelo detrás.
La sesión es un espacio, no un hilo
Junto a la conversación conviven cuatro cosas más, cada una en su pestaña: los ficheros y fuentes que se le han dado al agente, los artefactos que va produciendo, un resumen de su estado, y las tareas que tiene por delante.
Eso cambia lo que se puede pedir. Un documento no se pega en el chat: se aporta. Un entregable no se copia del mensaje: se recoge del panel de artefactos, con su historia.
El razonamiento a la vista
Mientras un agente trabaja hay un panel lateral con su actividad: qué está razonando, qué herramienta está usando, qué plan sigue.
No está ahí para tranquilizar. Está para que se pueda interrumpir a tiempo: ver que ha entendido mal la petición al segundo paso vale más que descubrirlo en el entregable final.
Varios agentes en la misma sala
Una conversación puede tener más de un agente dentro. No son ventanas paralelas: es una sola conversación, un solo turno, y cada intervención sabe quién la dijo.
Sirve para lo que en una organización se resuelve reuniendo a dos personas: quien sabe de contratos y quien sabe de números, en la misma mesa, oyéndose.
Qué sobrevive a cerrar el navegador
El evento que termina un turno pertenece a la ejecución, no a la conexión. Cerrar la pestaña no cancela nada: el agente sigue, y al volver está lo que hizo.
Las sesiones se agrupan por fecha en el panel lateral y se pueden retomar.
Hablar con un agente no crea ningún compromiso: no hay contrato, no hay criterios de aceptación y no hay techo. Para eso está el encargo, y es una decisión aparte que se toma cuando hace falta.
Cuándo conviene un encargo y cuándo no
Conversar es el modo normal. El encargo aparece cuando el trabajo tiene tres propiedades: alguien lo va a revisar, importa cuánto cuesta, y conviene que quede escrito qué se acordó antes de empezar.
Todo lo demás —explorar, preguntar, iterar sobre un texto, pedir que alguien mire un fichero— es conversación, y forzarlo a un contrato solo añade fricción.