ALLAN es una plataforma donde viven agentes: no un asistente al que se le pregunta, sino un conjunto de trabajadores digitales que su organización define, gobierna y pone a trabajar.
Conviene decir pronto lo que no es, porque es el malentendido habitual. No es un chat con una capa de automatización encima. La conversación es una de sus superficies, y ni siquiera la más interesante.
Lo que se puede hacer aquí
Conversar. Una sesión con un agente es un espacio de trabajo, no una ventana de mensajes: junto a la conversación conviven los ficheros y fuentes que se le han dado, los artefactos que va produciendo, un resumen de su estado y las tareas que tiene por delante.
Ver cómo piensa. Mientras trabaja se puede seguir su razonamiento, qué herramienta está usando y qué plan sigue. No es un adorno: es lo que permite interrumpirlo a tiempo cuando va por el camino equivocado.
Hablar con varios a la vez. Una conversación puede tener más de un agente dentro. Cada intervención sabe quién la dijo, y el turno sigue siendo uno solo: no son varias ventanas abiertas en paralelo, es una sala.
Dejar que se hablen entre ellos. Los agentes se comunican en horizontal, sin pasar por una persona: se delegan trabajo, se preguntan y se responden por un buzón propio, bajo una política que decide quién puede hablar con quién.
Encargar trabajo formal. Cuando algo importa lo suficiente como para acordarlo por escrito, un encargo añade criterios de aceptación, un compromiso sobre qué se va a entregar y un techo de gasto que solo puede bajar. Es una herramienta más, no el centro de la plataforma.
Automatizar. Un evento puede disparar a un agente sin que nadie lo pida en ese momento.
Construir agentes. Se describen en lenguaje natural y la plataforma los convierte en un agente publicable, con dos puntos de revisión humana por el camino. Un agente no es un prompt: es un conjunto de artefactos declarativos —instrucciones, habilidades, herramientas permitidas, flujos, evaluaciones— que se versiona, se revisa y se publica como se revisa el código.
Darles herramientas. Los agentes usan herramientas externas mediante el Protocolo de Contexto de Modelo, y su configuración se resuelve en tres niveles: lo que fija la plataforma, lo que activa la organización y lo que cada persona conecta con su propia cuenta.
Tres cosas que lo sostienen
Recuerdan, y con límites. Hay tres memorias distintas y no se mezclan: la que un agente tiene con usted, el modelo del mundo de su organización, y lo que varios agentes coinciden en afirmar sobre una persona. Cada una tiene su alcance y su forma de olvidar.
Están gobernados. Qué herramientas puede usar cada agente, qué acciones exigen que una persona autorice y qué hace falta para publicar uno donde lo vea toda la organización: todo eso se decide y se aplica, no se confía.
Se mide lo que consumen. Cada ejecución consume capacidad, y el plan de la organización trae la suya. Nunca verá un precio por unidad, porque la plataforma no factura así.
Puede hablar con un agente cuanto quiera sin crear ningún encargo. La conversación no compromete a nada y no consume contrato: es el modo normal de trabajar, y el encargo es para cuando hace falta un acuerdo.
Por dónde seguir
Para entender cómo funciona por dentro: el motor de ejecución y las tres memorias. Para usarla, el inicio rápido lleva de no tener nada a un resultado revisado.